7 de noviembre de 2009, 05:25 AM
Gemma Casadevall
BerlÃn, 7 nov (EFE).- BerlÃn vive la conmemoración del vigésimo aniversario de la caÃda del Muro convertida en un plató mediático para revivir su noche más hermosa, la del 9 de noviembre de 1989, la que precipitó el proceso de reunificación alemana y su resurgir como nueva capital de la potencia europea.
De sÃmbolo de la Guerra FrÃa al nuevo BerlÃn que no oculta los estragos de la historia: la escenografÃa del acto central del lunes, con el derribo de un dominó de 1,5 kilómetros, desde la Potsdamer Platz a la Puerta de Brandeburgo, difundirá por todo el planeta esa imagen de ciudad poderosa, revitalizada desde su desgarro.
Medios de todo el mundo copan el centro de la capital, recorren las huellas dejadas por los 155 kilómetros de Muro que durante 28 años rodearon su sector occidental y entrevistan a ciudadanos corrientes y polÃticos de uno y otro lado en busca de su testimonio.
La grandeza de la noche del 9 de noviembre consistió en la respuesta espontánea de las decenas de miles de ciudadanos que se lanzaron sobre la frontera. Será difÃcil que una escenografÃa, por perfecta que resulte, supere la carga emotiva contenida en las imágenes de entonces.
Para BerlÃn es una oportunidad de mostrar su actual epidermis, que alterna las cicatrices históricas con la nueva ciudad surgida en lo que durante décadas fue tierra de nadie, junto al Muro, como la Potsdamer Platz.
El 9 de noviembre fue la culminación de la Revolución PacÃfica, que de la consigna del "Wir sind das Volk" -"Nosotros somos el Pueblo"- de las primeras marchas minoritarias desembocó en semanas en manifestaciones masivas en todo el paÃs.
La presión era insostenible para la República Democrática Alemana (RDA), presionada además por la "Perestroika" de Mijail Gorbachov.
El comunicado que precipitó la apertura de las fronteras, el 9 de noviembre, derribó los últimos diques de contención.
A la noche que pasó a la historia como la de la caÃda del Muro siguieron muchos dÃas y noches de euforia, con caravanas de "Trabis" -el coche arquetÃpico germano-oriental- cruzando al otro lado.
La Puerta de Brandeburgo siguió cerrada durante cierto tiempo, mientras las grúas se llevaban, bloque a bloque, no sólo el centenar y medio de kilómetros de hormigón que rodeó el BerlÃn occidental, sino los 1.400 que formaron la frontera divisoria, de norte a sur, entre la RDA y la República Federal de Alemania (RFA).
Desarmar el Muro llevó meses, en los que el ruido de la maquinaria iba parejo al martilleo de berlineses y turistas a por su reliquia.
Paralelamente, se producÃa también el desmantelamiento del Politbüro -y la celebración de las primeras elecciones libres de la RDA -en mayo de 1990-, que ganó la CDU del canciller Helmut Kohl.
En julio entró en vigor la unificación monetaria y después Kohl y Gorbachov anunciaron el acuerdo que, tras duras negociaciones, dio luz verde a la reunificación, con la aquiescencia de las restantes potencias aliadas -EEUU, Reino Unido y Francia-. La RFA seguirÃa integrada en la OTAN, la RDA se desmembraba del Pacto de Varsovia.
El 3 de octubre de 1990 se firmó el Tratado de Unidad por el que el territorio de la RDA se integró en la RFA. Fue una absorción, que arrasó con el régimen germano-oriental, pero también con los referentes y señas de identidad de sus 16 millones de habitantes.
BerlÃn tardó aún en recuperar la capitalidad perdida con la derrota del Tercer Reich (1945) y la división del paÃs entre las cuatro potencias vencedoras de la II Guerra Mundial. Durante todas esas décadas, el Parlamento y gobierno de la RFA quedaron alojadas en la llamada "aldea federal", Bonn.
A la clase polÃtica le costó dejar la tranquila ciudad renana para mudarse a BerlÃn, ciudad no necesariamente querida por muchos alemanes, primero por prusiana, después por capital del Reich, después por ser sÃmbolo de la Guerra FrÃa.
Finalmente, el 20 de junio de 1991, y por el estrecho margen de 17 votos de diferencia, el Parlamento aprobó la mudanza a BerlÃn, lo que a su vez llevó largos preparativos hasta consumarse en 1999.
Veinte años después de la caÃda del Muro y un decenio después de recuperar la capitalidad, BerlÃn sigue siendo una ciudad patas arriba y algo incómoda, para algunos, pero fascinante para muchos otros, precisamente porque extraer belleza de sus cicatrices. EFE
Promedio (Not Rated)
Copyright © 2009 EFE.