7 de noviembre de 2009, 02:00 AM
La increÃble eliminación de San Lorenzo y la digna salida de Vélez, en realidad, son parte de una tendencia que duele: ningún conjunto argentino dio el salto de calidad ?lógico, por su historia? en la Copa Sudamericana. Los cuartos de final dejaron al descubierto la deslucida actualidad de nuestros equipos, de nuestro fútbol, semanas después de los desplantes de Boca, River, Tigre y Lanús. Y en casi todos los casos, a diferencia de aquellos tiempos de relativa trascendencia, los conjuntos argentinos se desvivÃan por la gloria internacional. Es que el ejemplo de Estudiantes oficiaba de esperanza. Aunque haya quedado apenas en una referencia vaga, un espejo borroso para todos.
Detrás de las eliminaciones sudamericanas, frente a conjuntos de relativo valor mundial, surgen las contradicciones. ¿Qué tan bueno es el torneo doméstico? ¿Cuántos grandes equipos hay, qué elementos de jerarquÃa los manejan? ¿Hasta qué punto la paridad es sinónimo de apasionante torneo Apertura? Que es emocionante, no hay dudas. Genera entusiasmo, sorpresa y ambición a casi todos. Cada noche de viernes o sábado, por caso, hay un nuevo "puntero". HacÃa una eternidad que no ocurrÃa. Hay 12 equipos que se encuentran entre los 26 puntos (los primeros) y las 17 unidades, caso Arsenal y Lanús. Todos juntos, uno al lado del otro. Todo puede pasar. AsÃ, claro, parece un campeonato apasionante.
Pero esas eliminaciones algo dicen. Algo expresan. Muestran esa otra realidad que pocos observan. A ver: River y Boca no son el ejemplo por seguir. Los otros poderosos suben y bajan, tan mareados que andan. Es que los pequeños crecieron. Se hicieron grandes muchos de ellos, por administraciones prolijas, proyectos exitosos, apuestas a las inferiores y brillantes actuaciones deportivas. ¿Si los grandes fallan, el torneo es flojo? No, claro que no. Pero que los pequeños hayan dado el merecido salto de calidad no provoca, por decantación, un gran desempeño colectivo en el nivel local.
Los punteros, por caso, Banfield y Newell?s, son dos discretos conjuntos que en otro contexto, en el fútbol doméstico de cuatro, cinco años atrás, andarÃan por la mitad de la tabla. El Pelado Silva, el artillero del certamen, con diez goles, tuvo mala fortuna en casi todos sus equipos argentinos anteriores. Nieto, de Colón, también tiene esa cifra y hace unas semanas no tenÃa lugar en el fútbol-espectáculo de Huracán. Tal vez, la Sudamericana, huérfana de equipos argentinos cuando se aproxima su definición, quiera decir algo. Habrá que abrir los ojos.
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