7 de noviembre de 2009, 02:00 AM
Por MartÃn Castilla
De la Redacción de LA NACION
La acumulación de circunstancias que vive el ciclo de Diego Maradona desde sus comienzos da cuenta de un escenario de tensión permanente en el seleccionado. Especialmente entre las cabezas de este proyecto, como lo son el técnico, el director de selecciones nacionales, Carlos Bilardo, y el presidente de la AFA, Julio Grondona.
La cuenta regresiva hacia la Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 está en marcha y si hay algo que derrocha la cúpula de este seleccionado es inestabilidad. La novela sumó un capÃtulo más. Es que ayer, después de todo lo que generó la acusación de Maradona sobre un complot de Bilardo para derrocar a Grondona, el "Doctor" insistió con su ambición de ocupar el banquillo de la entidad de la calle Viamonte. "Quiero ser presidente de la AFA, que no tengan dudas. ConfÃo en que Julio (Grondona) me va a ayudar, como Blatter lo ayudó a Platini (para presidir la UEFA) y como lo están ayudando a Beckenbauer", afirmó Bilardo en Ezeiza antes de partir a Madrid, donde el sábado que viene la selección enfrentará a España.
Ese abrazo en el medio del Centenario, tras vencer a Uruguay y obtener la clasificación al Mundial, quedó desdibujado por las duras acusaciones posteriores de Maradona hacia Bilardo. "La relación con Diego es siempre la misma", repite hasta el cansancio Bilardo. "No hay pelea. Yo pienso que no, por lo menos de mi parte no. Mi abrazo con Diego lo considero sincero, y de parte de los dos. Nos abrazamos igual en River, después del partido con Perú, pero lo que pasa es que nadie dice nada porque estábamos solos", agregó Bilardo, que con la salida de Miguel Angel Lemme (que habÃa llegado de su mano) sufrió un marcado debilitamiento en su cargo.
Como están las cosas planteadas, la complicada relación entre el manager y el entrenador repercute en la imagen del seleccionado y pone incómodos a los futbolistas. Anteayer fue Juan Sebastián Verón el que hizo público el pensamiento del plantel por las diferencias entre uno y otro. "No es fácil estar en el medio de Maradona y Bilardo". Para Verón, el poco tiempo que se tiene debe ser bien utilizado y aprovechado para que exista un clima de camaraderÃa, solidaridad y buen entendimiento. "Hay que lograrlo, aunque eso nos llevará tiempo", admitió la Bruja.
Nadie se atreve a aventurar qué sucederá en el futuro cercano; lo concreto es que seguirá la desconfianza alrededor del conjunto argentino. Grondona no es un presidente sacatécnicos ni pide la cabeza de Bilardo públicamente, tan cierto como que también los debilita con ciertos manejos internos. Las luchas por los espacios de poder continúan como si nada en la vida Ãntima del seleccionado. Ahora bien, hay que ver hasta dónde se sostiene esta tirantez entre las partes.
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